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El relevo generacional ya está haciendo cuentas

Boomers, Generación X, millennials y Z llegaron a mundos distintos, pero hoy se cruzan en el mismo mostrador. El relevo generacional no va de buenos y malos. Va de caja, oficio, expectativas, derechos y negocios pequeños intentando seguir vivos.

Narciso Fernández
Narciso Fernández
30 may. 2026 · 8 min lectura
El relevo generacional ya está haciendo cuentas
RELEVO

El relevo generacional no viene. Ya está aquí

Antes de hablar de negocios, empleados, entrevistas y relevo, conviene poner el mapa encima de la mesa.

Baby boomers. Nacidos, más o menos, entre 1946 y 1964.
Generación X. Entre 1965 y 1980.
Millennials. Entre 1981 y 1996.
Generación Z. Entre 1997 y 2012.
Generación Alfa. De 2013 en adelante.

Fechas arriba, fechas abajo. Tampoco vamos a sacar el metro.

Lo importante no es el año exacto.

Lo importante es en qué mundo aterrizó cada uno.

Y ahí empieza todo.

Cada generación llegó a una partida distinta

El boomer llegó a un mundo donde había menos de casi todo.

Menos tecnología.
Menos derechos.
Menos información.
Menos opciones.
Menos red.

Pero también menos ruido.

Menos comparación.
Menos escaparate.
Menos ansiedad por mirar todo lo que hacen los demás.

La Generación X creció entre dos mundos.
Uno analógico y uno digital.
Vio cambiar la libreta por el ordenador, la llamada por el correo, el mostrador por la pantalla.

Le tocó adaptarse sin que nadie le preguntara demasiado.

Los millennials llegaron con promesas.

Estudia.
Prepárate.
Haz prácticas.
Viaja.
Aprende idiomas.
Sé flexible.

Y luego vino la hostia.

Crisis, alquileres imposibles, precariedad, exceso de formación y esa sensación de haber hecho lo que tocaba para llegar a un sitio que ya no estaba.

La Generación Z llega con otro chip.

Más consciente de su tiempo.
Más sensible.
Más dispuesta a decir que no.
Más rápida con la tecnología.
Menos paciente con según qué cosas.

Y ahora empieza a entrar en empresas, comercios, talleres, oficinas y negocios pequeños que muchas veces siguen funcionando con mentalidad de hace veinte años.

Normal que haya roce.

El boomer no lo tenía más fácil

Se dice mucho que antes era más fácil.

Depende.

Comprar una vivienda podía ser más posible. Sí.
Montar algo con menos burocracia también. Puede ser.
Había menos competencia digital. Por supuesto.

Pero fácil no era.

Fácil es tener Google Maps.
Fácil es tener banca online.
Fácil es mandar un presupuesto por WhatsApp.
Fácil es aprender casi cualquier cosa gratis.
Fácil es encontrar proveedores, clientes o ideas desde un móvil.

Y fácil también es tener derechos que antes no estaban tan claros.

Vacaciones.
Prevención.
Bajas.
Conciliación.
Formación.
Herramientas.
Información.

Antes había mucho aguantar.
Mucho callar.
Mucho tirar.

Así que no. El boomer no lo tenía más fácil.

Tenía otra vida.
Otra liga.
Otra forma de medir el esfuerzo.

Y esto importa porque muchos de esos boomers siguen al frente de negocios, o los acaban de dejar, o los tienen a punto de traspaso, cierre o relevo.

Ahí empieza el problema real.

La Generación X está en medio del puente

La Generación X es curiosa.

No presume tanto.
No hace tanto ruido.
Pero está diciendo mucho.
Un eje del sistema.

Son los que muchas veces heredaron, compraron, montaron o aguantaron negocios en transición. Los que tuvieron que aprender a usar programas sin dejar de entender la libreta. Los que se comieron crisis, cuotas, bancos, empleados, proveedores y clientes cambiando de hábitos.

No son boomers.

Pero tampoco son nativos digitales.

Están en medio del puente.

Y estar en medio del puente te hace ver cosas que otros no ven.

Porque miras hacia atrás y entiendes el sacrificio de los anteriores.
Miras hacia delante y ves que los que vienen no quieren vivir igual.

Y quizá tengan razón.

O no, o sí, o no,.... deshojar vosotros y quedaros con la que querrais.

El millennial llegó tarde a la fiesta

El millennial venía preparado.

O eso le dijeron.

Carrera.
Máster.
Idiomas.
Movilidad.
Flexibilidad.
Actitud.

Todo muy bonito hasta que tocó pagar alquiler, autónomo, crédito, gasolina, impuestos o la vida en general.

Muchos millennials están ahora en ese punto raro.

Ya no son jóvenes promesa.
Todavía no son mayores establecidos.

Tienen que emprender, dirigir, contratar, cuidar hijos, ayudar a padres y pagar facturas en un sistema que les prometió bastante más de lo que entregó.

Y aun así, muchos son los que están cogiendo el relevo.

En comercios.
En negocios familiares.
En proyectos propios.
En pequeñas empresas.

Con más herramientas, sí.

Pero con menos margen de error.

Porque ahora todo se ve.
Todo se compara.
Todo se opina.
Todo cuesta.

La Generación Z no viene rota. Viene distinta

Aquí hay que tener cuidado.

Es muy fácil decir que los jóvenes no quieren trabajar.

Demasiado fácil.

Y seguramente injusto.

La Generación Z no viene necesariamente peor.
Viene distinta.

Tiene más claro que el trabajo no lo es todo.
Pregunta antes.
Compara más.
Tolera menos ciertos abusos.
Tiene menos miedo a irse.

Eso tiene una parte buena.

Muy buena.

Porque muchas cosas que antes se tragaban sin rechistar no eran mérito. Eran resignación.

Pero también hay otra parte.

Menos paciencia.
Menos oficio aprendido desde abajo.
Más expectativa inmediata.
Más derecho percibido.
Más dificultad para entender que una empresa pequeña no imprime dinero en la trastienda.

Y ahí saltan chispas.

En una entrevista, antes de saber bien qué hay que hacer, ya aparece la pregunta por vacaciones, horarios, condiciones y fines de semana.

No digo que no haya que preguntarlo.

Claro que sí.

Pero hay orden, contexto y formas.

Porque si la primera señal que recibe quien contrata es que el puesto interesa menos que el calendario, algo no cuadra.

A eso yo le llamo el sesgo del funcionario.

No por el funcionario, que bastante tiene con sobrevivir también a su propio sistema.

Hablo de esa mentalidad de querer estabilidad, derechos, horario cerrado y cero riesgo en un mundo donde alguien tuvo que arriesgar antes para que esa silla exista.

Y ojo.

El empresario también tiene sesgos. Y muchos.

Dos ligas mirando la misma nómina

Aquí hay dos ligas.

La del que busca trabajo.
Y la del que contrata.

El que busca trabajo mira salario, horario, vacaciones, estabilidad y condiciones.

Normal.

El que contrata mira caja, coste, productividad, bajas, errores, formación, responsabilidad, margen y si a final de mes queda algo después de pagar a todos menos a él.

También normal.

El problema viene cuando una liga no entiende la otra.

Porque una nómina no es solo lo que entra en la cuenta del trabajador.

Para una media jornada decente, si quieres pagar algo razonable, la cuenta se va rápido.

Salario.
Seguridad Social.
Pagas.
Vacaciones.
Gestoría.
Equipos.
Tiempo de enseñar.
Errores normales.
Riesgo.

Después viene lo demás.

Alquiler.
Luz.
Autónomo.
Seguros.
Stock.
Impuestos.
Herramientas.
Y tu nómina, si queda.

A veces llega.

A veces no.

Y las matemáticas tienen muy poca empatía.

Por eso algunos quieren hacerse pequeños

Esto lo escucho cada vez más en entrevistas del podcast.

Empresarios que dicen que quizá el futuro sea reducir.

Hacer el negocio más pequeño.
Trabajar solos.
No depender de empleados.
No crecer por crecer.

Y suena a paso atrás.

Pero igual no lo es.

Igual es supervivencia.
O inteligencia.
O cansancio bien gestionado.

Vero, en Trastiños, lo hace así.

Ella sola.

Controla su ritmo.
Su calidad.
Su trato.
Su margen.
Su vida.

No es pequeño.

Es consciente.

Y quizá ahí haya una pista.

Crecer era contratar más, facturar más, abrir más, correr más.

Pero igual crecer también puede ser otra cosa.

Ganar tranquilidad.
Ganar margen.
Ganar tiempo.
Ganar control.

No todo negocio tiene que convertirse en una empresa con organigrama, reuniones y un Excel con colores.

A veces el mejor negocio es el que te deja vivir.

Qué locura.

El relevo no es solo edad

El relevo generacional no va de que salga uno mayor y entre uno joven.

Ojalá fuese tan fácil.

Va de mentalidad.
De expectativas.
De caja.
De oficio.
De paciencia.
De riesgo.
De entender que los derechos cuestan, pero que el abuso también cuesta.

La generación que se va no siempre entiende al que llega.

La que llega no siempre entiende lo que costó levantar lo que hay.

Y en medio queda el negocio.

Ese local.

Esa tienda.

Ese taller.

Esa peluquería.

Esa pequeña empresa que tiene que vender, cobrar, pagar, respirar, aguantar meses malos y no morir por el camino.

El relevo no está garantizado.

Muchos hijos no quieren lo de sus padres.
Muchos empleados no quieren complicarse.
Muchos empresarios no encuentran a quién dejarle nada.
Muchos negocios acabarán más pequeños.
Otros cerrarán.
Otros mutarán.

Otros crecerán, seguro. Y vendrán cosas nuevas.
Innovaciones, Qbit lo es, será normal en el futuro.

De la Alfa ya hablaremos otro día

Y luego viene la Generación Alfa.

Los niños de ahora.

Los que ya no están creciendo con tecnología.

Están creciendo dentro de ella.

De esos hablaremos otro día, porque ahí hay tela.

Mucha.

Si ahora nos cuesta entender el relevo entre boomers, X, millennials y Z, esperemos a ver qué pasa cuando llegue una generación que ha tenido una pantalla delante antes de saber atarse los cordones.

Pero eso será otro post.

Hoy me quedo aquí.

Con una idea.

El relevo generacional no viene.

Pasó.

Ya está pasando.

Y no va de buenos y malos.

Va de generaciones distintas intentando hacer cuentas en el mismo mostrador.

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