El comercio local no se muere. Lo estamos matando
Hace dos semanas empezamos a publicar historias locales en Qbit Podcast.
Historias de gente real.
De héroes sin capa.
De los que suben la verja cada mañana aunque el día venga torcido.
Tomamos un café con Sadolf Cohen, comerciante de profesión.
De los que no necesitan mostrador para vender.
Su comercio es la calle.
Su producto, el trato.
Su valor, estar, escuchar y resolver.
Una maravilla escucharlo.
De esas conversaciones que te recuerdan que vender también es oficio, presencia y mucha calle. Lo podeis ver aquí.
Hablamos con Javier Fontaiña, una cabeza inquieta.
Una conversación de las que no van de vender éxito, sino de entender el camino.
De insistir.
De probar.
De equivocarse.
De ajustar.
Y de seguir hasta que sale.
Porque a veces emprender es eso.
No una gran idea.
Una cabeza que no para y la paciencia suficiente para darle forma.
Pablo Silva, nos explicó como se hace pueblo a través de iniciativas como el Bruón Folk Fest.
Porque hacer pueblo no siempre va de grandes discursos.
A veces va de juntarse, organizar, mover gente, crear cultura y conseguir que algo pase.
Música, calle, identidad y ganas.
Eso también sostiene un lugar.
Hablamos con Antía Fontaiña, de la escuela infantil O Xardín Ventureiro.
Una conversación sobre caer y levantarse.
Sobre seguir cuando toca reconstruir.
Sobre aguantar el golpe y volver a abrir la puerta.
Porque después de la tormenta sale el sol, sí.
Pero alguien tiene que ponerse a recoger primero.
También pasó Nerea Filgueira, y nos dejó una masterclass de óptica, comercio y emprendimiento.
De empezar.
De aguantar.
De seguir.
Una conversación de esas que explican que detrás de un negocio hay mucho más que producto. Hay criterio, oficio, atención y muchas horas que no se ven.
Cosas comunes.
Y los que vienen, nos vamos a divertir.
Gente inquieta.
Gente valiente.
Gente que no necesita épica porque ya tiene bastante con abrir, pagar, atender, escuchar, resolver y volver al día siguiente.
Y toda esa gente necesita algo más que aplausos.
Necesita sentido.
Lo que compras vuelve
Javi lo explicó muy bien.
Lo que gastas en comercio local vuelve.
Vuelve como trabajo para un amigo.
Como ayuda para una acción social.
Como apoyo a una comisión de fiestas.
Como patrocinio para el club de fútbol de tu hija.
Como luz encendida en una calle que no quieres ver apagada.
Porque el comercio local no es solo comprar una camiseta, una libreta, un café, unas zapatillas o una barra de pan.
Es mantener una red.
Y esa red se nota cuando falta.
Que levante la mano quien no tenga cuenta Prime.
Pocas manos levantadas.
Yo el primero.
Y esto no va de señalar con el dedo desde una torre moral que no existe. Va de entender lo que estamos haciendo.
Amazon no es el demonio.
Amazon es cómodo.
Amazon funciona.
Amazon llega.
El problema empieza cuando dejamos de convivir con él comercio y nos rendimos.
Porque si nos rendimos del todo, muere, lo matamos.
Y después vendrán los lamentos.
Que si cerró Manolo.
Que si antes había vida.
Que si no hay ambiente.
Que si la mercería ya no está.
Que si el pueblo está apagado.
Que si ahora todo son bajos vacíos.
Ya.
Pero el paquete llegó a tiempo.
Los bonos no salvan un comercio
Aquí hay que decir algo incómodo.
El comercio no se dinamiza a golpe de bono mal pensado.
Eso muchas veces es comida para hoy y hambre para ayer y para mañana.
Para ayer, sí.
Porque anuncias un bono para dentro de unas semanas y el cliente espera. Compra menos antes, compra de golpe durante dos días, y después volvemos a la realidad.
Foto.
Titular.
Sonrisa.
Cartelito.
Campaña hecha.
Y el comercio, otra vez a remar.
Además, ¿quién aprovecha realmente esos bonos?
Quien se entera.
Quien tiene dinero.
Quien tiene tiempo.
Quien no está trabajando.
Quien puede estar pendiente.
Quien no está cuidando a alguien.
Quien no llega pelado a fin de mes.
Si el bono dura 17 horas, como alguno que hemos visto, no es una política de comercio.
Es venta distorsionada.
Son números sin criterio,
Es una carrera de obstáculos con cartel institucional.
Y encima se presenta como ayuda.
No digo que todo esté mal. Digo que si una herramienta se diseña mal, se gestiona peor y se vende como solución, estamos haciendo teatro.
Y el teatro, cuando lo paga el de siempre, cansa.
Comprar local no es nostalgia
Hay que dejar de tratar el comercio local como si fuera una postal antigua.
No va de nostalgia.
No va de volver al pasado.
No va de decir que antes todo era mejor.
Va de futuro.
De entrar.
De preguntar.
De bajar a la calle.
De dejarte asesorar por alguien que sabe lo que vende.
Ese “te queda bien” de verdad.
Ese “mejor espera, que la semana que viene me entran unos ideales”.
Ese “no te lleves este, que no te compensa”.
Ese “para lo que tú quieres, mejor esto otro”.
Eso no te lo da un carrito.
Te lo da una persona.
Y aquí viene la coña.
El comercio se queja de Amazon, con razón, y por la tarde recibe tres paquetes con sonrisa.
O peor.
Te quejas de ventas y eres punto de entrega y recogida de paquetes.
Es la escena completa.
El enemigo te entra por la puerta, te ocupa el mostrador y encima le pones buena cara porque algo hay que facturar.
No es crítica al que lo hace.
Es síntoma.
Cuando el sistema te lleva a ganar céntimos ayudando al que te quita euros, igual el problema no es solo tuyo.
Hace falta cabeza. No solo campaña
Hay agencias que llevan tiempo explicando esto muy bien. La Vecina, por ejemplo, lo resume cada día con bastante claridad.
Sin comercio no hay pueblo.
Y no es una frase bonita.
Sin comercio no hay calle.
Sin calle no hay encuentro.
Sin encuentro no hay comunidad.
Sin comunidad solo queda vivir cerca, que no es lo mismo que vivir juntos.
Otro compañero de viaje es el Mercadona, democratiza precio, democratiza producto. Pero acaba con lo que nos hace ser pueblo, el tendero, el mercado, lo fresco. Y se vienen cosas, el menú del día al Mercadona. Es eso de verdad lo que queremos?
Inditex también mata parte del comercio. Aunque aporta mucho. Claro que aporta. Empleo, movimiento, marca, actividad.
Pero una cosa no borra la otra.
Las grandes cadenas ordenan el consumo.
Amazon lo absorbe.
Las plataformas lo aceleran.
Y nosotros, mientras tanto, seguimos diciendo que nos da pena que cierre el comercio de toda la vida.
Nos da pena, pero no siempre nos da para bajar.
Ahí está el tema.
No basta con apoyar de palabra.
Hay que comprar.
Hay que entrar.
Hay que recomendar.
Hay que pagar algo más cuando tiene sentido.
Hay que entender que barato no siempre sale barato.
Y sí, también hay que exigir.
Porque apoyar el comercio local no significa aplaudir cualquier cosa.
El comercio también tiene que moverse.
Medir.
Colaborar.
Actualizarse.
Atender bien.
Usar tecnología.
Comunicar mejor.
Cuidar y no engañar.
No mirar de reojo al vecino esperando que venda menos.
La manida competencia.
A veces el veneno no viene de Amazon.
Viene de la acera de enfrente.
Asociaciones a ritmo de carruaje
Aquí también hay que bajar al barro.
Muchas asociaciones de comercio son lentas.
Funcionan con buena intención, sí.
Pero a veces con mentalidad de carruaje en pleno siglo XXI.
Y estamos en la era de la IA.
Se repiten campañas.
Se repiten fórmulas.
Se repiten carteles.
Se repiten frases.
Se repite el “hay que dinamizar”.
Pero dinamizar no es hacer hablar por hablar
Dinamizar es entender al nuevo cliente.
El que compra por impulso.
El que compara desde el móvil.
El que quiere comodidad.
El que no espera.
El que sí quiere cercanía, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera.
Hace falta una vuelta.
Una visión nueva.
Desde el negocio nuevo.
Con respeto al comercio viejo.
Sin complejos.
Sin zancadillas.
Sin esa costumbre tan nuestra de preferir que el otro gane menos aunque tú no ganes más.
Eso es pobreza mental.
Pagar aquí es invertir aquí
Creemos red.
Compremos aquí cuando se pueda.
Paguemos en metálico mientras todavía nos dejen.
Miremos a la cara al que nos atiende.
Preguntemos.
Volvamos a entrar.
Porque el comercio sabe vender.
Sabe de lo suyo.
Sabe asesorar.
Sabe echar cuentas para no quedar tieso.
Sabe aguantar más de lo que muchos informes imaginan.
Pero también vienen leyes, comisiones, impuestos, cuotas, gastos, obligaciones y subvenciones trampa.
A veces parece que primero te quitan aire y después te subvencionan una ventana.
Gran negocio.
Para alguien.
Hacienda, desde luego, siempre encuentra sitio en la mesa.
Se lo dije a mi socio alguna vez. El win win sería montar un localito de Hacienda.
Gana siempre.
Mes sin Amazon
Igual hay que hacer algo simple.
Un mes sin Amazon.
No como castigo.
Como prueba.
A ver qué pasa.
A ver si somos capaces de comprar en Ribeira lo que decimos que queremos conservar en Ribeira.
A ver si damos fuerte en la mesa.
Un mes bajando.
Un mes entrando.
Un mes preguntando.
Un mes recomendando.
Un mes compartiendo comercios.
Un mes pagando donde luego pedimos colaboración.
Porque el gol de Marquitos lo patrocina Alberto con la venta de zapatillas.
El baile de la asociación sale gracias a Josefa y su mercería.
Las pinturas del barrio ayudan a pagar las fiestas.
Y cuando todo eso desaparezca, no vendrá Bezos en su yate con King África a levantar la verbena.
Spoiler.
No viene.
La puerta estaba abierta y le pusimos alfombra roja
El comercio local no se muere solo.
Lo matan muchas cosas.
Lo matan los hábitos.
Lo matan las plataformas.
Lo matan las malas decisiones.
Lo matan las normas hechas lejos del mostrador.
Lo matan las ayudas mal pensadas.
Lo mata la falta de oportunidad.
Lo mata la falta de apoyo.
Lo mata la comodidad.
Lo mata la envidia.
Y también lo matamos nosotros.
Cada vez que decimos que nos da pena, pero compramos fuera sin pensarlo.
Cada vez que pedimos colaboración al comercio que nunca pisamos.
Cada vez que queremos pueblo, pero compramos como si viviéramos en un almacén logístico.
Igual el problema no es Amazon.
Igual Amazon solo encontró la puerta abierta.
Y nosotros, por comodidad, se la sujetamos.
Y si sostenemos el comercio ¿Quién levanta la persiana mañana?
Y quizá el siguiente melón sea ese.
Contratar.
A quién.
Para qué.
Con qué actitud.
Y con qué futuro.
Porque sin comercio no hay pueblo.
Pero sin gente que quiera sostenerlo, tampoco.
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