Reflexiones · 6 min

Una mirada atrás, presente y... busca un nuevo rumbo

Tu yo de mañana se está construyendo hoy. Con lo que haces. Con lo que callas. Con lo que dejas pasar. Con lo que decides. Y, sobre todo, con lo que no te atreves a hacer o decidir. Porque muchas veces pensamos que la vida cambiará cuando llegue “el momento”. Pero el momento casi nunca llega con luces, música y un altavoz avisador gritando "¡AHORA!". A veces llega en forma de incomodidad. De cansancio. De duda. De “esto no puede ser todo”. De “y si pruebo otra cosa”. Y ahí empieza todo.

Narciso Fernández
Narciso Fernández
3 may. 2026 · 6 min lectura

Cofundador de Qbit - Café, software e ideas Conectando personas y acompañando ideas para que se conviertan en proyectos reales. Inquieto, curioso, autodidacta y soñador. Me gusta explorar caminos que otros pasan por alto, dar con la tecla y hacer que lo cotidiano sea diferente. En el cuerpo desde el 2008, hoy ademas, al servicio del código, el café y el emprendimiento. #Café #Ideas #Emprendimiento

Tu oportunidad de dentro de diez años puede ser hoy

Hay decisiones que no parecen importantes cuando las tomas.
Una puerta que te atreves a abrir.
Una conversación incómoda.
Una puerta que cierras.
Un proyecto pequeño.
Un café con alguien.
Unas llamadas.
Una renuncia.
Un curso.

Pero con el tiempo entiendes que no eran detalles.

Eran desvíos.

Tu oportunidad de dentro de muchos años puede estar escondida en una decisión de hoy. Y esa decisión no tomada, esa que dejaste pasar por miedo, por pereza o por no incomodar a nadie, puede convertirse algún día en una frase peligrosa:

“¿Si hubiera…?”

Y esa frase pesa.

Pesa más que equivocarse.
Pesa más que perder.
Pesa más que empezar de cero.

Porque equivocarte te enseña.
Perder te madura.
Empezar de cero te aclara.

Pero quedarte siempre con la duda te persigue. Te machaca, y te mueres, porque nos vamos a morir.

Por eso creo cada vez más en salir del rebaño. No por soberbia. No por creerme especial. Si no porque a veces el grupo avanza hacia un sitio que siento que no es el mio.

Y hay que tener valor para separarse.

Como ese pingüino del vídeo viral que se sale del grupo y empieza a caminar en otra dirección. No sabe si va bien. No sabe si llegará antes. No sabe si encontrará algo.

Pero camina.

Y a veces eso ya es más que suficiente.

Perder para ganar

Hay cosas que tendrás que dejar por el camino.

Personas.
Costumbres.
Excusas.
Versiones antiguas de ti.
Sitios donde ya no cabes.
Conversaciones que no suman.
Ruído que simulaba compañía.

Y duele.

Porque nadie te explica que avanzar también tiene parte de despedida.

A veces para ganar espacio tienes que perder aprobación.
Para ganar paz tienes que perder presencia.
Para ganar futuro tienes que perder comodidad.
Para ganar criterio tienes que perder miedo a quedar mal.

No debes tanto como crees.
Y tampoco te deben tanto como esperas.

Eso, aunque suene duro, libera.

El estoicismo te explica que te centres en lo que depende de ti. No en el aplauso. No en la comparación. No en la opinión del que mira desde la grada sin jugar el partido.

Y aquí entra algo que repito y me repito mucho últimamente, nadie envidia el proceso, solo envidian el resultado. Y si el resultado es malo, Ahí es cuando salen las hienas.

Nadie envidia tus madrugones.
Tus dudas.
Tus fracasos.
Tus noches pensando.
Tus días sin ganas.
Tus pérdidas.
Tus intentos torpes.
Tus comienzos feos.

Pero si un día sale bien, alguno dirá que tuviste suerte.

Estate por encima.

No para mirar a nadie por debajo.
Sino para no vivir pendiente de quien nunca iba a entender el camino.

Apaga el ruido, busca tu melodía

Vivimos en una época extraña.

Tenemos más información que nunca y, aun así, cada vez cuesta más pensar con claridad.

El mayor ladrón de la historia de la humanidad no entra por la ventana. Entra por el móvil.

Es el algoritmo.

Ese que te mantiene haciendo scroll infinito.
Ese que te roba cinco minutos, luego veinte, luego una hora.
Ese que te enseña vidas perfectas, cuerpos perfectos, negocios perfectos, frases perfectas y una realidad tan filtrada que acaba pareciendo una obligación.

Y mientras tanto, se te va el día.

Por eso hay que aprender a elegir contenido como quien elige compañía.

Quédate con lo bueno.
Con lo que te mueve.
Con lo que te ordena.
Con lo que te hace pensar.

Quédate con ideas que aportan. Con ese amigo que te filtra los podcast. Con el que te pide que te leas la documentación. Con libros que te acompañan. Lecturas que te enriquecen.

No se trata de copiar vidas ajenas.

Se trata de buscar pistas.

Buscar tu melodía.

Esa composición que aparece en muchas reflexiones como símbolo de atención: mira donde otros no miran, observa lo pequeño, sigue lo que se mueve diferente. Porque a veces la respuesta no está en la gran revelación, sino en un detalle que casi todos pasan por alto.

Apaga el scrolling.

Mira alrededor.

Igual lo que estás buscando no está en otra pantalla.
Igual está en una conversación pendiente.
En una idea vieja.
En una persona que suma.
En un miedo que llevas demasiado tiempo evitando.

Memento mori. Las cuentas atrás que no vemos

Hay una idea que recuerdo cada día

memento mori.

Recuerda que vas a morir.

No como algo triste.
No como una frase oscura.
Sino como un hostión de realidad que pone tu vida en su sitio.

Porque cuando entiendes que el tiempo no vuelve, empiezas a mirar algunas cosas de otra manera.

Igual no te quedan infinitos abrazos con tu madre.
Igual te quedan menos de cien. Piénsalo, es real, cien es nada, el siguiente es 99, 98, 97,....
Y no lo sabes.

Igual no te quedan tantos veranos con tu hija pequeña.
Igual te quedan solo diez (ojalá) de esos veranos donde todavía quiere ir contigo a todas partes.

Igual no te quedan más de treinta viajes con tu mujer. El siguiente es uno menos. Disfrútalo

Ni tantas cenas.
Ni tantas llamadas.
Ni tantas mañanas de domingo.
Ni tantas oportunidades de decir “te quiero”, “perdón”, “gracias” o “vamos”. O como hoy, de pedir un abrazo. Si lo necesitas, pide un abrazo.

La vida no avisa con una cuenta atrás implacable de las cosas que te llenan.

A veces todo parece normal hasta que deja de serlo. Y las cosas ya no pasan. Te moriste, o se murieron.

Como una traca de petardos. Empieza fuerte, parece que dura, pero de pronto se acelera y se acaba.

Por eso creo que hay que hacer cosas con sentido.

Juntarse con quien aporte.
Ayudar cuando puedas.
Hacer acciones altruistas sin esperar aplausos.
Construir algo que no sea solo para ti.
Elegir mejor dónde pones tu tiempo.
Y no dejarlo todo para “cuando pueda”.

Porque quizá puedas hoy.

Y eso ya es mucho.

Y ya termino, si me leíste, te los debo

Este blog empieza aquí.

No sé exactamente hacia dónde irá, pero creo saber (autoconvencido) por dónde irán los tiros. Comienzo escribiéndome a mi, a mi yo interior. Una reflexión en forma de auto ayuda.

Y mis posts en este blog seran para esto y más. Escribiré y opinaré por experiencias. Quiero que sea un sitio para explicar cosas complejas de forma sencilla. Para hablar de tecnología sin tecnicismos. De emprendimiento sin adornos. De vida sin vender recetas mágicas. De ideas, errores, aprendizajes, decisiones y caminos raros.

Qbit también nace un poco de ahí.

De salir del grupo.
De mezclar café con software.
De escuchar problemas reales.
De convertir conversaciones en soluciones.
De intentar que desde un sitio pequeño también puedan pasar cosas grandes.

Este será el primero de muchos.

Y si llegaste hasta aquí leyendo, te robé unos minutos.

Te los debo.

Así que algún día, si me ves, párame y dime si valieron la pena. Si no, te los compenso tomándonos un café.

Compartir ¡Copiado!
¿Te ha servido?

Inicia sesión para votar este artículo.

2 0

Hilo de comentarios

1 respuesta
T
Teresq castilla
Me ha llegado mucho tu reflexión. Es justo lo que necesitaba leer ahora mismo. Muchas veces sé que quiero dar un paso, cambiar algo o intentar algo nuevo, pero el miedo al fracaso me frena más de lo que me gustaría admitir. A día de hoy estoy en mi zona de confort, una comodidad que no está mal, y eso también me frena. Porque no hay nada urgente que me obligue a cambiar. Pero al mismo tiempo, hay una parte de mí que piensa si en un futuro miraré atrás y sentiré que podría haber hecho algo más, o al menos haberlo intentado. Supongo que ahí está el equilibrio difícil: entre valorar lo que tienes hoy y no dejar que esa zona de confort te frene para crecer. Gracias por compartirlo así, sin adornos. De verdad inspira a intentarlo, aunque sea con dudas.
Deja tu comentario

Los comentarios se revisan antes de publicarse

Sigue leyendo